Primero aparece con una formula mágica que nunca falla cuando estamos apretados de dinero:
-Yo, ¡más baratu!
Y con esa promesa del ahorro y el más por menos quien se puede resistir.
Nuestros periplos arquitectónicos se limitaban a la cocina, pero gracias a la palabra mágica nuestra obra aumentó con el salon, una pequeña reforma de incluir el balcon dentro de del salon.
Todo parecia ir bien, empezaron casi cuando lo dijeron, dos dias para un albañil es un suspiro de tiempo, y un retraso tal, es una nimiedad.
Y como buen albañiles que son la "semana" de 7 dias que iba a durar la reforma lleva alargandose 10 dias, algo que tampoco debería de preocuparme.
Bueno, reunidos el jefe de los gañanes de la construcción y yo con la obra casi terminada, la conversación fue así:
-Bueno, que os queda
-Nada
-¿me haceis la cocina y me la dejais con 6 agujeros en el techo que cabe un puño?
-vale te lo arreglo
-y al tirar las paredes del salon me las dejas sin enfoscar y un agujero en el techo del tamaño de un elefente (de los pequeñitos, tampoco exageremos)
-hombre, eso no lo hablamos
Que curioso, pago una obra y la mitad de ella la tengo que hacer yo.
Bueno, al menos me queda el consuelo de que no le he pagado todo, así que tengo esperanza de que quede terminado. Tambien que su total son 500€ menos de lo que hablamos en principio, ya veremos como termina mi epica obra...
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